
No nos engañemos, a todos nos gusta una palmadita de vez en cuando, ¿a que sí? Al menos, todos, en un momento u otro creemos merecerla. Para no parecer vanidosos, decimos que hacemos las cosas bien porque así nos salen, porque nos apetece. Hacemos buenos regalos sin esperar recompensa. Halagamos las cualidades de los demás. Sabemos reconocer un trabajo bien hecho.Pero ¿realmente no esperamos nada a cambio? ¿realmente somos tan altruistas? Yo, lo siento, o no lo siento, pero no lo soy, ahora ya no.Mi función es hacer una buena labor, lo sé, por eso me pagan, pero ¿y cuando realizo algo fuera de lo que comporta mi puesto de trabajo? Ahí es cuando creo merecer mi palmadita, porque he hecho un favor, porque he hecho un trabajo arduo y pesado que nadie quería hacer, porque he hecho algo que los demás se han negado con la sencilla respuesta de "Es que yo no puedo tal dia porque....". Debe de ser que soy estúpida, o quizá me creo demasiado lista, pero el "yo no puedo" no entra en mi vocabulario. Si no puedo, será por una fuerza mayor que me impida poder acudir...Me ofrezco a hacer el trabajo sabiendo que al dia siguiente tendré que volver a estar de pie durante otras 8 horas, con cara de niña buena y mona y conseguir el objetivo del dia, ¿y qué recibo? Una llamadita donde me exigen, sí, sí, exigen, que realice lo mismo que he hecho pero multiplicado por tres, y para el dia siguiente. Aún sigo buscando el "gracias". Lo siento, pero tengo una vida y quiero vivirla. No, señores, no, así no se piden las cosas, y menos a alguien que está dispuesto a colaborar.Han conseguido que deje de querer estar dispuesta a echar una mano. Puedo ser buena, pero no gilipollas. Y para que luego la medalla se la cuelgue el que se está tocando los h.... Pues ya es hora de tocarme mis partes y decir "NO", con cara de boba. Está visto que así se consigue mucho más, o es lo que a mi me parece
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