sábado, 20 de febrero de 2010

Señor Walt Disney...



A Walt Diney (o quien corresponda):

Buenos días, prestigioso señor creador de tantos éxitos cinematográficos, hoy me dirijo a usted por una cuestión que no es precisamente de mi agrado. Lo cierto es que no comprendo porque no le a escrito nadie para hablarle de esto, porque creo que es un tema, no solo importante, sino también de gran transcendencia.
Ya sé que a usted (y a todo su equipo) lo único que le importa es crear cantidades inmensas de dinero con el fin de hacerse de oro, pero por favor, ¿podría tener un poco más de respeto? Me explico:
En absolutamente todas y cada una de las películas producidas por usted (y su equipo) hay amor, ya sea en grandes o pequeñas cantidades. No es que tenga nada contra las películas de amor, todo lo contrario, son mis favoritas; pero esto es excesivo. He repasado todas mis películas en VHS con el fin de encontrar una película en la que no hubiera amor y el resultado ha sido nefasto. Y usted se preguntará entonces qué narices hago quejándome. Bien, eso es algo más sencillo de lo que parece. Como resultado de sus románticas películas, en las que una sirena puede convertirse en humana para ir en busca del amor de su vida y casarse con él, o en las que una princesa recibe un hechizo al nacer que es capaz de esquivar hasta los dieciséis, cuando cae en un sueño profundo del que solo puede despertarle un beso de amor verdadero, y como no, ese beso se lo da el principe azul, tenemos un amplio grupo de adolescentes trastornadas.
Sí, he dicho trastornadas, porque no hay una palabra que lo explique mejor. O si no, dígame, ¿qué persona no trastornada seguiría buscando a su príncipe azul? ¿Qué otra pensaría que existe el amor eterno? Por Dios bendito, ¿a quién se le ocurriría pensar que debería existir el Robbin Hood de las sonrisas? Ya se lo digo yo, no se mate a pensar más a ver si se le va a olvidar la historia de su próxima mega-inversión cinematográfica. Nadie.
Pero hay una generación que ha crecido con sus famosos Clásicos Disney, entre canciones que hablan de un mundo ideal y un hada madrina que hace una carroza a partir de una calabaza, y eso ha traído graves consecuencias.
Jovencitas que se dedican a escribir cuentos, poniéndose a ellas como protagonistas y a su supuesto príncipe azul como su amor eterno, en los que las hadas ayudan a que su amor funcione sin que una vomitiva arpía estropee todo. Y hablando de vomitivas arpías, eso es lo que nuestras jóvenes ven cada vez que una inocente chiquilla se acerca a su supuesto príncipe azul. Y como las buenas siempre ganan, se embarcan en una lucha por su amor, al que aman de forma incondicional. ¿Y que pasa cuando ese amor se marcha? Que su mundo entero se derrumba, se vuelven tristes y fingen haber dejado de creer en todas esas patochadas que usted narra en sus películas. Pero para nada eso es cierto, siguen creyendo y esperando que aparezca su apuesto caballero, pero como nunca aparece surge el otro gran problema: una plaga de niñatos/as deseosos de "suicidarse".
¿Es usted consciente de que sus películas, supuestamente infantiles, están creando un ejército de niñas románticas empedernidas, ñoñas e insoportablemente ilusas? Si, supuestamente infantiles, porque sinceramente, no es normal que un niño tenga que sufrir por Bambi, las películas infantiles deberían ser todas felices y sin dobles sentidos políticos, que rebuscando también he encontrado alguno. Por no hablar de la generación que está saliendo de su adorable canal del plus, Disney Channel. No sé que es peor, realmente, si lo que sale de sus Clásicos Disney con su adorable ñoñería, o lo que sale de Disney Channel con su repelente superioridad. Sí sí, superioridad, porque aunque sus series tienen ese toque fantástico increíble, nos llegan algunas como Hanna Montanah, y pelis como HSM o Camp Rock, que hacen que niñatos y niñatas se crean guays por verlo y se crean los más rockeros del mundo.
Espero que rectifique ahora que sabe de las desastrosas consecuencias que tienen sus encantadoras películas en las que todo es rosa y busque una forma menos catastrófica de hacerse de oro.

Gracias por su atención.

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