
Hoy me he despertado, he abierto el cajón de mi mesita de noche y he rebuscado entre la ropa interior. Sabía que los había guardado en algún sitio y allí estaban, escondiditos, muy cómodos ellos entre los calcetines de deporte. Los he sacado de la cajita y me los he puesto. Hoy llevo ojos de niño. Quiero ver el mundo así. Hoy sí. Hoy quiero ver un mundo de colores, de sol, de calor. Quiero comerme un bollo de chocolate sin miedo a engordar y hartarme de chuches hasta que me duela la tripa. Quiero beber fanta de naranja. Quiero salir a la calle en patinete y con la capa de mosquetero. Quiero buscar charcos y saltar dentro de ellos. Quiero subirme al tobogán más alto y dejarme caer con los ojos cerrados. Hoy voy a jugar a ser niño y estoy hasta emocionada. Voy a jugar a ver Pokemons por la calle y me inventaré cuentos de dinosaurios. Miraré las nubes y jugaré a encontrar formas de animales. Hasta creo que voy a contar los coches de color rojo que pasen por mi lado. Y cantaré canciones. Sí, voy a cantar. Y en voz alta. Qué más da si desafino. Los niños nunca desafinan. Saltaré entre baldosa y baldosa de la acera para no pisar las líneas y caminaré haciendo equilibrios por el bordillo. Entraré al mercado y le sacaré la lengua a las merluzas de la pescadera. Y tocaré el hielo... ay, sí... y me dará igual si me mancho o está sucio o huele a pescado. Y no me lavaré las manos en todo el día. Comeré espagueti con tomate y de postre yogur de chocolate. Voy a peinarme con la colonia de mi sobrino, pero sólo la parte de delante, como hace él. Me miraré en el espejo y guiñaré un ojo de niño. Mi mundo de niño me espera y ya voy tarde.
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